La verdad es que a nosotros no nos molesta que se vaya de noche la luz. Son como dos horas que tenemos para jugar al escondite. Cuando todo el edificio queda oscuro tenemos más lugares donde taparnos y al que le toca salir a buscar a los demás se le hace difícil. Yo siempre me voy con Artós, él es muy bueno para saber dónde quedan los mejores rincones. No me importa que tenga quince años y yo nada más nueve. Lo bueno es que conoce cada piso de arriba abajo y por eso ni a él ni a mí nos encuentran. Artós es el más viejo de todos pero como no se le nota en lo que habla lo dejamos que juegue. Uno tiene que aceptar a los demás. La ventaja es que cuando tenemos que correr Artós decide por dónde meternos. Prefiere los pisos del medio, sobre todo el cuarto porque allí hay dos apartamentos vacíos y con un gancho él abre la puerta y entramos. Nadie se mete a buscarnos porque no tienen ni idea. Artós me dijo que guardara el secreto y prefiero así porque podemos ganar.
A los mayores sí les molesta cuando se va la luz. Debe ser porque no tienen qué hacer. A veces me tengo que quedar en la casa y me pongo detrás de la cortina de la sala y oyo lo que dicen los mayores. Repiten mucho lo mismo de las cosas. La culpa como que es de la situación pero ellos se quedan sin palabras para hablar más de la situación cuando están a oscuras. Otras veces me tengo que quedar a hablar del colegio y los mayores me corrigen. Mi mamá me ha dicho que no se dice “oyo” sino “oigo” aunque Artós me dice que “oyo” no es incorrecto. Me pelean porque en el colegio voy mal y no les gusta. Pero si uno está unos grados más abajo qué importa si uno va todos los días. Algo aprende aunque tarde. Eso sí, no soporto cuando tengo que buscar las velas, mi abuela más mayor las cambia de sitio y nadie sabe dónde quedan y a mí me toca abrir cada gaveta hasta descubrirlas. Tampoco soporto cuando mi abuelo único se queda leyendo el periódico en la noche, nada más se oye el ruido del papel y eso me da dientera. No estoy segura pero creo que mi abuelo único está más de allá que de acá y que sin saberlo las manos le mueven solitas el periódico porque él ni se da cuenta. Fuera de eso nadie más dice nada porque no hallan sin la televisión qué más contar de la situación.
Lo que me gusta más es escaparme a jugar con los demás al escondite. Cuando estamos reunidos decidiendo quién cuenta echamos mucha broma. Nadie me dice que no se dice “más mayor” y prefiero eso porque es fastidioso que siempre te regañen. Si estamos con ganas de hacer cosas distintas nos vamos al ascensor. Artós también sabe abrir las puertas del ascensor. Es como un juego poner la cabeza en el piso. Es peligroso porque cuando vuelve la luz las puertas se cierran muy rápido y es arriesgado. Hasta ahora nunca ha pasado nada. Los mayores dale que dale dicen que está prohibido hacer eso pero qué importa, total ellos no salen a ver a qué jugamos. Son unos aburridos, no pueden dejar de hablar de la situación. Artós en eso es el más valiente. Él dura más tiempo con la cabeza entre los dos pedazos de la puerta. No creo que si la luz llega de un golpe lo vaya a aplastar. Artós parece que tiene la cabeza muy dura. Puede ser muy terco de verdad. Una noche sacó los tornillos del techo del ascensor y después arrancó el ventilador. Como nosotros habíamos dicho que estábamos en el parque los mayores no estaban seguros de quién fue. Pero sospecharon de Artós porque él es más mayor que uno. Menos mal que no somos chismosos y no lo pudieron castigar.
Hay que estar medio loco para ir al parque cuando se va la luz. Ahí sí es verdad que es peligroso. Y ni siquiera se puede jugar bien al escondite, no hay muchas matas y todas son flaquitas. Artós dice que el propio lugar es el edificio por todos los pisos y todos los rincones. Hasta si se agacha uno en la escalera sin reírse no lo encuentran. Qué bueno que los otros no se esconden con Artós sino yo sola. Él abre los apartamentos vacío con el gancho y nos metemos. Artós es muy inteligente, aunque los demás no saben que estamos ahí él prefiere que nos escondamos en un closet o debajo de la cama más grande. A veces me da como miedo porque son escondites más oscuros. Artós me dice que él me protege y me abraza. Yo le creo porque Artós me ayuda a ganar en el escondite. Si tiemblo él me toca con las manos grandes y me da como calor. Yo debería hacer lo mismo pero prefiero que se toque solo. Artós me dice que hay cosas buenas así que no me gustan todavía. Será el año que viene, cuando tenga diez años. Ojalá todavía se vaya la luz en ese tiempo.
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6 comments:
Estoy releyendo la narración a fin de recuperar la experiencia de la ida de luz. Viene algo de cuando era niño o adolescente, pero son recuerdos vagos. Quizá en la décimotercera relectura lo capte mejor.
Lo siento Luis: excelente texto pero me falta el contacto personal con la nevera descongelada o un aparato quemado o el televisor en silencio. ¿Cómo hiciste para recobrar esas vivencias?
Víctor:
Remember Cabimas, no te hagas el loco ;)
Víctor:
Las vivencias no son cosa del pasado; ayer estuvimos sin luz entre seis de la tarde y diez de la noche. Imposible olvidar nuestra infancia, sus primores y carencias. Lo dijo Wordsworth: “The Child is father of the Man”, el niño es padre del hombre. Vivimos estos tiempos como románticos ingleses—todo un privilegio.
Cabimas forever!
hay otros niños que, en plena oscurana, les da por cantar o por recitar.
Música forever!
¿Cabimas? Busqué en la Wikipedia y supe el porqué de sus referencias:
1. Cabimas was grown in disorder. Each year new sectors are added.
2. The development and transformation of the city followed the oil industry. The main avenues (F, G, H, J, K, L, 31,32,33, among others) were named following a coordinate system made by the oil company Shell to locate its wells.
Esta referencia suya al palo de Copaiba inconscientemente revela la vocación urbana y sedentaria, que culpa siempre de todos los males republicanos (de repúblicas anteriores y de ésta) al petróleo y a la mentalidad de campamento. ¿Cuatro horas sin luz y no pueden encender una lámpara de keronene o una vela sambenitera? Demostración de inepcia campestre: Wordsworth se avergonzaría de ustedes. En una noche sin luz y con velas, Shelley escribió Frankestein. (Concedo que con la eficiencia de su actual gobierno, el monstruo susodicho debería esperar meses antes de escuchar el grito: ¡It's alive!)
La música de las esferas, Jairo. Forever!
Anónimo:
En ningún lado dije que no habíamos encendido una vela. Se hizo, por supuesto. No sólo eso, hasta me dio por transcribir todo Frankenstein. Fue muy entretenido.
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