Sunday, February 07, 2010

El generoso escriba

Un buen observador podría entresacar sublimidades de la mera rutina; basta con que nos acompañe a todas partes, como James Boswell al panzón doctor Johnson. Si es imaginativo o metafísico, va a cambiar pronto la rutina y las repeticiones en muestras del cumplimiento de estatutos divinos. Pero el mayor provecho quizá lo obtenga de nuestros propios escritos: por ellos va a darse cuenta de que so­mos infelices, nostálgicos, parricidas, quietos o frustrados. ¿No es ésa razón suficiente para practicar la poesía o el cuento? Escribamos un verso que diga, por ejemplo, “Soy un árbol”, y enseguida el secretario sabrá enumerar que 1) tenemos la piel dura como corteza, 2) las manos vibrátiles como las hojas, y que 3) somos decididamente falocéntricos. Tal vez hasta nos recompense con el sobrenombre de “vates” o “aedas”, dependiendo del refinamiento de nuestro particular salvador. O dependiendo de su grado de alcoholismo, o de sus inclinaciones al suicidio: a nosotros también nos toca vigilarlo.

1 comment:

Fraga said...

y que además nos encanta la beber clorofila en las rocas!

Eso no lo dije yo, lo ha dicho mi vagabundiano personaje don Ramirito.

Echadle un ojo:

http://donramirito.blogspot.com